NPB; El descontento de Martín con el gobierno japonés

7:40:21 PM

 

 

 Written by Claudio Rodríguez Otero

 

   El jardinero cubano de los Marinos de Lotte Leonys Martín apeló esta semana a Twitter para expresar su descontento con la rigidez del gobierno japonés a la hora de admitir extranjeros en su territorio debido a la pandemia, medida que lo mantiene separado de su esposa y sus hijos.

 

   “Me gustaría expresar mi opinión, como extranjero que vive y trabaja en Japón. Me gustaría saber la razón por la cual nuestras familias no pueden obtener visas para estar con nosotros aquí mientras vivimos en este país, pagando altos impuestos y contribuyendo a la economía”, escribió el pelotero en la red social.

 

   “Espero que el gobierno japonés se dé cuenta de que existe más de una manera de mantener a la gente segura, no sólo manteniendo a las familias separadas por demasiado tiempo. ¿Por qué la gente no puede venir a este país si se vacunan y realizan la cuarentena requerida? No tiene sentido”, agregó.

 

   El villaclareño tiene razón en su reclamo, por su puesto. No tiene lógica que el gobierno japonés le permita a él entrar al país, pero no a su esposa y sus hijos, especialmente si se vacunan y cumplen con todos los protocolos de salud necesarios. 

 

   Se trata de una situación especial y debería ser posible que se haga una excepción con ellos y con todas las otras familias que estén siendo afectadas por el mismo problema. Después de todo, no es que ellos estén pensando en llegar y ponerse a turistear por todo el país, simplemente quieren acompañarlo.

 

   Sin embargo, no es mucho lo que se pueda hacer al respecto porque la raíz del problema radica no en el exceso de timidez de las autoridades locales sino en uno de los principales axiomas de la cultura japonesa, al menos en lo que a la población masculina se refiere: el trabajo es más importante que la familia.

 

   Desde que Japón es Japón, el trabajo es lo que le permite a un hombre vivir, comprar una casa y mantener a su familia. Sin él, perdería todo eso, por lo que es su deber cumplir primero con su trabajo antes que con cualquier otra cosa, sin importar los sacrificios que eso pueda traer consigo.

 

   Para darles una idea de lo estricta que puede ser esa regla en la cultura japonesa, el día en que falleció el padre del legendario Sadaharu Oh éste estaba trabajando como manager de los Gigantes de Yomiuri y nadie le dijo lo que había ocurrido sino hasta después de terminado el partido. 

 

   Una vez que recibió la noticia, regresó a su casa, hizo todos los arreglos correspondientes y volvió a trabajar al día siguiente, como si nada hubiese ocurrido, porque eso es lo que todos esperaban de él. La muerte de un familiar no es algo que amerite dejar de trabajar, desde el punto de vista local, claro está.

 

   En el caso de Martín, eso es lo que el gobierno japonés espera de él: que acepte las reglas establecidas sin ningún tipo de quejas porque eso es lo mismo que están haciendo todas las otras familias que están en una situación similar.

 

   Sin ir muy lejos, un fanático no perdió tiempo en responderle en Twitter poco después de que éste publicara su mensaje original. El comentario ya fue borrado, pero básicamente le pedía que no se quejara y que se sintiera agradecido por el trabajo que tiene y el buen salario que gana.

 

   Otro ejemplo que se nos viene a la mente es el del divorcio del lanzador estadounidense Jay Jackson, quien está en medio de una disputa legal con su ex esposa japonesa, no por la custodia del hijo de ambos, sino por el simple derecho de poder visitarlo, algo que prohíben las leyes japonesas.

 

   Cuando discutimos ese problema en Twitter, un fanático japonés escribió un comentario diciendo que no teníamos derecho a quejarnos porque así es que son las leyes en Japón y todos debemos cumplirlas, nos guste o no.

 

   Este ejemplo es muy importante porque revela un elemento crucial del problema: los propios japoneses no están de acuerdo con esas reglas, pero saben que si no las respetan van a salir más perjudicados de lo que ya están y eso no es bueno para sus futuros.

 

   Incluso las esposas japonesas detestan que las compañías les roben a sus maridos y no los dejen nunca pasar tiempo con sus familias y sus hijos, pero lo aceptan porque no tienen otra opción y porque saben que cualquier reclamo que se atrevan a hacer podría perjudicarlas a ellas y a sus esposos.

 

   La manera en que Martín escribió su comentario deja entrever que se trata de algo que tenía tiempo pensando y queriendo decir, pero que seguramente la gente que lo rodea le había aconsejado que no lo hiciera para evitar meterse en problemas.

 

   Como dice el popular dicho japonés: “el clavo que sobresalga será vuelto a clavar”. La cultura japonesa está basada en el colectivismo, en hacer las cosas pensando siempre en el beneficio del grupo y no en el beneficio personal, por lo que cualquier muestra de individualismo es duramente castigada.

 

   Un gran amigo venezolano que conocimos estudiando en China solía decirnos, a la hora de explicarnos cómo funcionan las sociedades asiáticas, que “Dios perdona, pero la sociedad no” y esa observación no podría ser más acertada.

 

   En Occidente, no importa la gravedad del pecado que uno pueda cometer porque Dios es misericordioso y siempre está dispuesto a perdonarnos, pero esa opción no está disponible para los orientales. Si uno actúa de manera egoísta y queda mal parado ante la sociedad, uno puede olvidarse de su futuro porque la sociedad nunca lo va a perdonar.

 

   Es por eso que aquellos latinos que han sido despedidos de sus equipos en Japón por dar positivo en una prueba antidopaje nunca son contratados por ningún otro conjunto de la NPB. Una vez que quedan mal parados ante la sociedad local no hay manera de corregir ese problema y una posible firma por parte de otro conjunto sólo traería problemas de imagen para esa organización.

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   Las peores sanciones que han sido impuestas hasta ahora por esa falta son suspensiones de un año, pero todas se han convertido en vetos de por vida en la liga debido a la manera en que operan los equipos y la sociedad japonesa.

 

   Martín recibió palabras de apoyo por sus comentarios, especialmente de otros extranjeros que viven en Japón y han sido víctimas de injusticias similares, por lo que es evidente que su reclamo es válido. Más importante aún, si nadie reclama es imposible que las cosas cambien en el futuro.

 

   No obstante, al escribir esas palabras está tomando un riesgo que podría afectar su carrera en Japón en el futuro y sería una pena que eso ocurriera. No es que le estemos pidiendo que no diga nada, sino que se cuide de no meterse en una pelea que nunca podrá ganar.

 

   Después de todo, las incomodidades que sufra en este momento sólo serán temporales y se acabarán una vez que se vaya del país. En comparación, los japoneses tienen que vivir bajo esas reglas toda sus vidas y no tienen la opción de escapar de ellas, como sí ocurre con nosotros.

 

   Puede que estén en desacuerdo con las mismas y que les parezcan injustas, pero al mismo tiempo saben que si van en contra del orden establecido no sólo se perjudicarán a sí mismos sino también a sus familias, sus escuelas y sus universidades.

 

   También hay que tomar en cuenta que hay extranjeros que tienen décadas viviendo y trabajando en Japón que por el simple hecho de no ser ciudadanos japoneses son tratados como si fueran simples turistas que no tienen derechos en el país.

 

   El año pasado, cuando se cerraron las fronteras al momento de comenzar la pandemia, muchos de ellos se quedaron estancados fuera del país y no pudieron regresar a sus casas y sus trabajos durante meses porque el gobierno local no les daba permiso.

 

   Esperemos que el estado de la pandemia continúe mejorando en Japón, como ya lo ha estado haciendo en las últimas semanas, y que eso convenza a las autoridades locales de admitir a las familias de los jugadores extranjeros al país.

 

   No será fácil, ya que el gobierno japonés anunció que no permitirá el ingreso de visitantes extranjeros al país para que asistan a los Juegos Olímpicos de Tokio, pero esperemos que en algún momento se haga una excepción y se permita a las familias separadas unirse de nuevo.

 

Tomado de: Beisbol Japonés

 

2 comentarios

    • Amaya el 29 marzo, 2021 a las 9:18 pm
    • Responder

    Dificil la situacion, cada pais tiene sus costumbres e idiosincracia

    • Kikiriki el 30 marzo, 2021 a las 5:05 pm
    • Responder

    Pues Leonys va a tener que hacerse el harakiri y seguir solo.
    O venir a jugar en Cuba q falta q le hace a VCL.

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