La Copa de Europa, denominada desde 1993 UEFA Champions League, cumplió el pasado 4 de septiembre 66 años de vida, tiempo en el que fue la testigo más fiel del desarrollo del fútbol mundial. Desde aquel pequeño torneo ideado por el diario francés L’Équipe hasta este mega evento universal mucho (o todo) ha cambiado y hoy la Champions tiene un valor que trasciende la competencia misma.

Cada nación de Europa ha visto a la orejona como un objeto de deseo de apariencia inalcanzable, como son los mejores objetos de deseo. Solo diez han conseguido llevar el trofeo a su tierra y cuatro de ellas nada más que en una ocasión. Con 66 ediciones disputadas, es posible esbozar una teoría sobre los reinados futbolísticos de cada país en el continente donde nació el fútbol.

La historia de la Copa de Europa se puede dividir por épocas. Cada una con su nación dominadora, que en algunas ocasiones fue hegemónica. Hubo eras más cortas y otras más extensas y (casi) siempre esa superioridad se ha trasladado también al ámbito de selecciones. Es como si, tal como ocurrió en tiempos remotos (y no tanto), diferentes dinastías se pasaran la corona. A veces con guerra y a veces sin ella, por el simple orden natural de las cosas.

Al principio de los tiempos, se vivió bajo una dinastía española en la que Real Madrid ocupó el trono en una especie de una obviedad y de redundancia histórica. Con Alfredo Di Stéfano como bandera, el conjunto merengue ganó las primeras cinco copas y no tuvo rivales mientras la Saeta Rubia mantuvo su mejor nivel.

Luego, llegó el turno de un corto reinado portugués de la mano de Benfica y Eusebio. El conjunto luso ascendió tras ganar dos batallas a españoles: Barcelona en 1961 y Real Madrid en 1962. Cuatro años después del segundo título, Portugal se destacó en la Copa del Mundo y finalizó tercera en Inglaterra 1966, con la Pantera de Mozambique como figura indiscutible.

En 1962/63 llegó el primer reinado italiano, con el catenaccio como arma principal, novedosa y mortífera. Primero el campeón fue el AC Milan de Nereo Rocco y luego el Inter de Helenio Herrera logró dos estrellas consecutivas. La base de esos ganadores llevó a la Azzurra a ganar la Euro 1968.

Después, vino un interregno en el que se prestaron la corona algunos reyes antiguos, como Real Madrid y Milan, con otros nuevos, como los británicos Manchester United y Celtic. Aquel fue solo un aviso de los hombres de las islas, que volverían para reinar con mano de hierro.

El Ajax campeón de comienzos de los setenta Getty Images

En 1969/70 aparecieron los neerlandeses con sus ropas lujosas para desbancar a los escoceses de Celtic en una recordada final. Primero fue Feyenoord y luego el legendario Ajax de Johan Cruyff. Por supuesto, la base del tricampeón 71-72-73 fue la descolló en el Mundial de Alemania Federal 1974.

Enseguida llegó el turno de los bávaros. Con su fuerza y organización de siempre, los alemanes ganaron tres copas consecutivas gracias a Bayern Munich y a Franz Beckenbauer y Gerd Müller. Ellos mismos también condujeron a su equipo nacional al título del mundo en 1974, días después de haber levantado la orejona.

En 1976/77 comenzó uno de los reinados más largos, que culminó de forma trágica. Como otra broma del destino, fueron los ingleses con sus ínfulas monárquicas quienes gobernaron ocho temporadas con siete títulos. Liverpool cuatro años, el inolvidable Nottingham Forest de Brian Clough dos y uno el Aston Villa de Kevin Keegan.

La tragedia llegó el 29 de mayo de 1985 en Heysel, donde murieron 39 hinchas por una avalancha causada por los hooligans de Liverpool antes de la final contra Juventus. La sanción de la UEFA fue de una dureza sin precedentes: veto de cinco años de toda competencia europea a los clubes de Inglaterra.

Tras aquel hecho, la corona pasó de cabeza en cabeza sin un dueño claro. Italianos, rumanos, portugueses y holandeses se la prestaron hasta que a finales de los ochenta irrumpió uno de los equipos más valorados de todos los tiempos. El Milan de Arrigo Sacchi reinó por un lapso menor al que su leyenda merece. Fue un monarca que duró solo dos años pero es recordado como uno de los mejores.

Luego comenzó un segundo interregno de reinados cortos, fugaces. Gobernaron los serbios de Estrella Roja cuando nadie los esperaba. También el Barcelona de Johan Cruyff, con Josep Guardiola en el campo, desplegó su suntuoso equipo de ensueño pero solo durante un año. También aparecieron por primera y única vez los franceses del sur de Olympique Marsella. Y Milan, Ajax, Juventus, Dortmund. Poca estabilidad.

El Madrid campeón en 1998 Getty Images

Tenía que aparecer una antigua dinastía para romper esa oscilación. En 1998, volvió Real Madrid después de casi cuatro décadas de ostracismo. Ganó tres de seis copas y le dio a España una regencia irregular pero regencia al fin. A continuación, vinieron tres años de viejos reyes que se probaron sus pomposas prendas de forma efímera: los italianos de Milan, los portugueses de Porto y los británicos de Liverpool.

En 2006 llegó un monarca que aún es añorado por muchos. El Barcelona de Lionel Messi, primero con Frank Rijkaard como entrenador, y luego con Josep Guardiola, inició una dinastía que tuvo sus idas y vueltas y también sus derrotas, pero que es parte de la historia más brillante.

En aquellos tiempos prestó su corona a los lombardos de Milan e Inter y a los ingleses de Manchester United y Chelsea, pero mantuvo la prepotencia de los reyes. Fueron tiempos donde primó la península ibérica, con soberanos de Catalunya primero y de Madrid después. Porque entre 2014 y 2018, Real Madrid ganó cuatro títulos sobre cinco.

España no solo mandó sobre la Champions, sino también sobre la Eurocopa y la Copa del Mundo. Fue uno de los reinados más absolutistas de la historia. Y terminó hace muy poco, con el arribo de los británicos una vez más.

Hoy, son los ingleses quienes rigen, haciendo gala de los lujos de la Premier League y de una generación que supo llegar a semis del último Mundial y a la final de la última Euro y nutre a Chelsea, Liverpool, Tottenham y Manchester City, cuatro de los últimos seis finalistas. Ahora, llegó el momento de poner en juego la corona una vez más. La batalla por el trono comienza.