El Barcelona cambió de presidente, y directiva, en marzo; en agosto sufrió su mayor tsunami deportivo y social con la salida imprevista de Leo Messi, en lo que se adivinó el inicio de un nuevo proyecto deportivo, y la segunda semana de noviembre Xavi Hernández fue presentado como nuevo entrenador tras el deprimente inicio de curso del primer equipo que desde agosto de 2020 dirigía Ronald Koeman. Se llevaron a cabo todos los procesos y el club azulgrana ya está en ruta de esa nueva etapa en la que busca recuperar la brillantez y hegemonía del pasado.

Pero… ¿Qué necesita el Barça para volver a sentirse ganador?

Acabar el duelo

Olvidar a Messi es imposible. Intentar, de pronto, borrar las huellas del futbolista argentino en el Camp Nou no se puede ni contemplar porque su figura, monumental y legendaria, permanecerá siempre ahí… Pero el Barça, el club, sí necesita acabar el duelo que supuso su marcha.

Deportivamente la salida de Leo provocó un cambio de roles en la plantilla que al cabo de cuatro meses todavía va ajustándose. Si es indiscutible que los veteranos, con los capitanes al frente, entendieron la necesidad de tomar el liderazgo del vestuario, otros jugadores, con Frenkie de Jong como ejemplo principal, están obligados a abandonar el papel de secundarios de lujo para ser primordiales en el terreno de juego.

Acabar el duelo de Messi significa que no se le deba olvidar pero sí se pueda recuperar el orgullo futbolístico del equipo. Es la hora en que los Busquets, Piqué, De Jong, Ter Stegen, Alba o también el llegado Memphis Depay muestren tanto su ascendente con los jóvenes como su propia calidad futbolística.

Futbol

Futbolísticamente el Barcelona no puede conformarse con ser un híbrido del pasado. Proclamar que el fútbol de hoy es mucho más físico que el de hace una década, o menos, no debe provocar que el club escape de sus propias esencias o que caiga en la trampa de pensar que el músculo puede convertirse en una nueva forma de vida porque el Barça, lo ha demostrado a lo largo de las décadas, es diferente. Ni mejor ni peor, simplemente distinto.

Lo que no fue capaz de imponer Ronald Koeman es lo que está necesitado de imprimir Xavi Hernández: una idea concreta, un juego personal e innegociable en el que el fútbol de combinación, el juego posicional, la búsqueda de los extremos, la presión y la armonía colectiva sean, otra vez, la razón de ser del equipo azulgrana.

El técnico catalán, guardián de las esencias durante su larga etapa como futbolista, lo sentenció de manera implícita: “No debes medir dos metros y pesar 90 kilos para jugar en nuestro centro del campo porque Iniesta apenas superaba el 1,70 y se hartaba a robar balones”. Una sentencia tan firme, y tan simple, puede resumir ese ADN intocable y necesitado de recuperar con urgencia.

Cantera… y crack

Obligado por su dramática situación económica, y también por el escaso o nulo rendimiento de jugadores como Coutinho o por una plaga de lesiones, el Barcelona se ha visto obligado en los últimos tiempos a volver a mirar con determinación al fútbol base y ello le ha dado un rendimiento tan inmediato como inesperado.

Primero fue Ansu Fati y a él se añadieron Mingueza, Gavi o Nico, junto a otros jóvenes de la cantera, que han demostrado que el primer equipo puede estar nutrido principalmente de futbolistas formados en el propio club. Pero además de ello la eclosión de Araújo o Pedri ha dejado clara la importancia de encontrar diamantes sin pulir pero con un futuro esplendoroso.

El Barça, cuya columna vertebral hace una década estuvo formada por jugadores surgidos de La Masia, aspira a recuperar esa misma fórmula… Y añadirle a ella jugadores realmente desequilibrantes. No se puede, hoy por hoy, aspirar a un fichaje diferencial por el momento financiero del club, pero más pronto que tarde se tiene el convencimiento de la necesidad de adquirir a ese jugador que lidere, como crack, a un equipo de primer nivel.

No es un secreto que ese futbolista soñado es Erling Haaland, cuya contratación se aventura ahora mismo utópica pero por quien Laporta está decidido a buscar todo tipo de fórmulas que lo hagan posible, comenzando por, claro, convencer a su buen amigo, y agente del noruego, Mino Raiola.

Disciplina

“Cuando hemos tenido orden y disciplina, las cosas han ido bien, pero cuando no hemos tenido orden ni disciplina, todo se ha torcido y ha acabado mal”, sentenció el mismo día de su presentación el nuevo entrenador. Y, dicho y hecho, el Barça ha cambiado ya las rutinas diarias de su plantilla para que el “orden y exigencia” que proclamó Xavi sea una realidad.

Tal como ocurrió en la época de Pep Guardiola, los jugadores ya no llegan a la Ciudad Deportiva con el tiempo justo de entrenarse durante dos horas, a lo sumo, y marchar de regreso a sus casas. Obligatorio llegar una hora y media antes, bajo amenaza de multa, el futbolista de la primera plantilla no sólo desayuna, sino que almuerza en las instalaciones del club y a los entrenamientos propiamente dichos se suman ejercicios, reuniones teóricas y una convivencia no recordada alrededor del Camp Nou.

Se acabaron las salidas nocturnas, viajes imprevistos y excusas poco profesionales en una plantilla que ya va tomando el ritmo a ese nuevo orden impuesto.

Liderazgo

El Barça es por sí mismo una marca líder en el concierto mundial y después de que durante la última década su nombre haya estado asociado al, e incluso haya sido dependiente, de Leo Messi, ahora precisa con urgencia recuperar su status.

Eso debe pasar por encontrar nuevas vías de unos acuerdos de patrocinio en los que la presencia del crack argentino fue primordial en los últimos tiempos y que a partir de ahora deben centrarse en la capacidad de seducción del propio club, como antaño.

En los últimos meses el Barça ha rechazado algunos acuerdos comerciales por estimar que las ofertas no alcanzaban a lo mínimamente exigible y en los próximos se aventura que mantendrá esa misma postura. Empezando por el nuevo contrato con el sponsor principal, que hoy cubre Rakuten, con un pago anual de 34 millones de dólares por temporada y que el club quiere, por lo menos, doblar a partir del próximo ejercicio.

Economía

La junta de Joan Laporta ha estimado que la dirección de la anterior directiva comandada por Josep Maria Bartomeu dejó un agujero económico nunca visto en el Barcelona. Unas pérdidas cercanas a los 550 millones de dólares y una deuda superior a los 1,650 que obligaron a los nuevos dirigentes a buscar financiación de manera urgente.

Fruto de ello fue el acuerdo firmado en agosto con Goldman Sachs que le supuso una inyección de 700 millones de dólares a devolver en diez años para recuperar, poco a poco, el músculo financiero de un club en el que, todavía más debilitado a causa de la pandemia del coronavirus, se han impuesto los recortes presupuestarios en todos los órdenes, incluso en cuanto a los salarios deportivos.

Camp Nou

El estadio del Camp Nou, en su día uno de los mayores y mejores escenarios deportivos de todo el mundo está hoy obsoleto y, lo que es peor, enfermo. Goteras, fallos en la estructura, poco funcional e incómodo, urge una reforma absoluta que, integrada en el proyecto del Espai Barça debe convertirlo otra vez en un campo a la altura de la grandeza del club.

Esperado desde que se aprobó un primer referéndum en 2014, al cabo de siete años nada ha cambiado, no han comenzado las obras y el 19 de diciembre se llevará a cabo un nuevo referéndum entre los socios para que estos den su visto bueno a una financiación extra y limitada hasta 1,700 millones de dólares para cambiar la cara al templo azulgrana… que no estará listo hasta 2026.

Este ‘nuevo’ Camp Nou no es solamente una cuestión estética, funcional y moderna, sino la manera de que el estadio sea por sí mismo una fuente de financiación a través de nuevos palcos, tiendas y espacios de restauración que deberán dar un nuevo impulso al club.